domingo, 19 de septiembre de 2010

COMPETENCIA LINGÜÍSTICA

El término competencia es derivado de “competente”, que fue incluido en los primeros trabajos de N. Chomsky sobre la “forma del lenguaje”. Es un concepto clave en su teoría ya que ésta es universal, independiente de cada lengua, y explica la habilidad humana para aprender la primera lengua. La teoría explica la competencia (competente), intuición consciente o no, del hablante nativo (su conocimiento de la lengua como hablante- oyente ideal).
La competencia es la realidad mental que respalda la ejecución (performance), el uso que el hablante hace de su lengua.
Pero, fue en 1955 que el lingüista rumano E. Coseriu lo formulara, explícitamente, en la teoría general del saber hablar, un modelo de competencia comunicativa, puesto que intentan dar cuenta de todos las subcompetencias, que según Coseriu un hablante debe dominar para "saber hablar".
A saber: "(...) dotar al alumnado de los recursos de expresión y comprensión, y de reflexión sobre los usos lingüísticos comunicativos, que le permitan una utilización de los diversos códigos lingüísticos y no lingüísticos disponibles en situaciones y contextos variados, con diferente grado de formalización o planificación en sus producciones orales y escritas ", como lo indican también Lomas, Osoro y Tusón,( 1993:14-15).
Las distinciones básicas que aporta Coseriu tienen su base en el saber intuitivo de cualquier hablante de cualquier lengua. Cualquier hablante, defiende el lingüista rumano, puede distinguir intuitivamente tres niveles en el lenguaje, que constituyen el saber hablar en cuanto conocimiento técnico del lenguaje: uno universal, otro histórico y otro individual. En palabras de Coseriu: "[.••] el lenguaje es una actividad humana universal que se realiza individualmente, pero siempre según técnicas históricamente determinadas ('lenguas')" (Coseriu 1981a: 269). Se trata, por tanto, de escalones del lenguaje en la medida en que se da una progresiva determinación del hablar. En un primer nivel todos los hombres adultos hablan, pero esta actividad se atiene a las normas históricas de una tradición idiomática de una comunidad determinada, es decir, siempre se habla en una lengua. Por último, esta actividad se realiza siempre individualmente, es decir, la actividad discursiva no es una actividad coral.
A cada escalón del lenguaje le corresponde una norma de "corrección" y, en consecuencia, un tipo de saber lingüístico en que se basa la actividad de cada nivel. De este modo, son tres los saberes lingüísticos por los que podemos enjuiciar si un texto está en conformidad o no con las normas de sus respectivos niveles del hablar.
La consideración del nivel universal y de los principios que rigen la actividad del hablar en este nivel es, pensamos, la aportación más llamativa de la teoría coseriana con respecto a otros modelos de competencia comunicativa. El hablar en general, es decir, la actividad de hablar considerada en el plano universal se realiza comúnmente de acuerdo a una técnica universal que puede llamarse saber elocucional.
Esta competencia lingüística general se refiere, pues, al hablar como tal, trasciende las lenguas particulares o, mejor, es anterior a ellas: es una competencia que impone restricciones y que exigimos espontáneamente al lenguaje en este nivel. Coseriu utiliza para denominar el criterio de corrección correspondiente a este nivel el de congruencia. De este modo, bajo el saber
elocucional un texto será congruente o incongruente según su conformidad o no con estas normas universales del hablar. Coseriu ha señalado, sin pretensión de exhaustividad, algunos de los principios que formarían parte del saber elocucional, como la exigencia de claridad, la coherencia, la no-contradicción, la no-tautología. No obstante, todos estos principios quedarían subsumidos en dos tipos de conocimiento: 1) los principios generales del pensar humano; 2) el conocimiento del mundo.
Con respecto al escalón idiomático, podemos juzgar un texto como correcto o incorrecto bajo el prisma de la corrección idiomática, es decir, se trata de ver si lo hablado corresponde o no a las normas de una tradición histórica del hablar.
Por fin, en el nivel individual, por lo que Coseriu denomina saber expresivo podemos juzgar un texto como adecuado o inadecuado. Coseriu ha diferenciado tres tipos de adecuación y así señala que lo adecuado corresponde a los diversos factores del hablar, de tal modo que con respecto al tema u objeto representado un texto puede ser adecuado inadecuada; en segundo lugar, será apropiado o inapropiado con respecto a los destinatarios; finalmente, hay que tener en cuenta las circunstancias concretas del hablar para ver si un texto es oportuno o inoportuno (Coseriu 1992:203-204).
La distinción de estos tres niveles es racionalmente necesaria porque a estos niveles corresponden tres tipos de contenido lingüístico. Al nivel universal le corresponde la designación, es decir, la referencia a la "realidad", a los estados de cosas reales o mentales. Al nivel idiomático le corresponde el significado o contenido de un signo en cuanto dado en una lengua que, como es sabido, puede isomórfico en otra lengua, puede ser parcialmente diferente o puede no existir en otras lenguas. Por fin, "el sentido es el contenido de un texto, es decir, lo que el texto expresa más allá (y a través) de la designación y el significado" (Coseriu 1981a:284).

REGISTROS IDIOMÁTICOS Y COMPETENCIA LINGÜÍSTICA

REGISTROS IDIOMÁTICOS Y COMPETENCIA LINGÜÍSTICA
Se denomina Registro al conjunto de características lingüísticas que resultan de la adaptación del uso de la lengua a una determinada situación comunicativa por parte de un hablante. Los registros son, por tanto, mecanismos que permiten la adecuación del discurso al contexto.
Se puede afirmar que cada persona tiene varios registros con los que se adapta a cada situación comunicativa concreta. Esta capacidad para usar las distintas modalidades expresivas, o registros, caracteriza y define a un hablante culto.
Multitud de situaciones requieren un registro propio: el de la vida familiar, el coloquial para comunicarnos con los demás, el de las relaciones profesionales, políticas, amorosas; también cambia de registro cuando narramos, describimos, argumentamos.
Aparece tanto en la lengua escrita como oral.
Léxico y variedades de la lengua. Las variedades de la lengua se dividen en:
-Diafásicas. Son las determinadas por la situación de comunicación: variante formal y variante coloquial.
-Diastráticas. Determinadas por el nivel sociocultural del hablante.
-Diatópicas. Son los dialectos existentes en los distintos territorios que comparten un mismo idioma.
Naturalmente, las tres variedades tienen una incidencia clara, no sólo en la fonética y la morfosintaxis, sino también en el vocabulario: fatigado/ hecho polvo; papel/documento (recibo, certificado...); caza/cacería.

CARACTERÍSTICAS LINGÜÍSTICAS de los tres registros a los que puede acudir un hablante en
función de estas variedades contextuales.
a). Código elaborado (nivel culto, formal…)
Este código se caracteriza por ser planificado, estable, uniforme, cuidado, de gran amplitud de recursos, lo que le permite afrontar cualquier situación comunicativa.
Si se trata de comunicación oral, en el plano fónico tiende a la pronunciación cuidada de todos los sonidos, aunque se da cierta relajación en algunas consonantes, como la -d- intervocálica en las terminaciones en -ado. También es habitual el yeísmo.
La acentuación de las palabras es siempre correcta y la entonación suele ser relajada, sin marcas enfáticas excesivas.
En el plano morfosintáctico hay, tanto en la expresión oral como en la escrita, una construcción cuidada de la frase, con abundantes nexos que matizan claramente las relaciones oracionales, lo que permite el uso frecuente del hipérbaton. La formación de femeninos y plurales, así como la concordancia de los diversos elementos oracionales, es habitualmente correcta. La cohesión entre los tiempos verbales de las oraciones compuestas, así como los del discurso general es siempre adecuada, Se suele prescindir de fórmulas de carácter expresivo o enfático, como aumentativos o diminutivos.
La amplitud del vocabulario es el rasgo más destacable del plano léxico semántico. Esto se manifiesta de forma notoria en una adjetivación variada, así como en la precisión semántica de todos los términos empleados, lo que lleva, en ocasiones, a la necesidad de incorporar neologismos y cultismos.

b). Registro común o familiar (normal, estándar, popular…)
Este registro tiene un grado menor de uniformidad que el nivel culto.
-En la modalidad coloquial (oral, dialogada) es más expresivo, menos rígido y posee gran cantidad de fórmulas para manifestar los estados afectivos.
-En la modalidad escrita es el modelo perseguido por los medios de comunicación dada su capacidad de llegar a gran número de lectores.
En el plano fónico utiliza una amplia diversidad de recursos paralingüísticos para mostrar la expresividad (dislocaciones del ritmo y la intensidad, refuerzo acentual ...). También se apoya en factores gestuales que permiten, en ciertos casos, algún sobreentendido en la formulación de las ideas.
En cuanto al plano morfosintáctico, se producen abundantes elipsis en la construcción de las frases si se trata de comunicación oral, así como algún caso de discordancia entre los componentes oracionales. Se prefiere la sintaxis simple, con oraciones cortas y escasas estructuras subordinadas; cuando éstas aparecen ofrecen gran simplicidad organizativa y siempre los mismos nexos relacionales. Se dan las reiteraciones, las construcciones pleonásticas para enfatizar la expresión de la aserción contenida en el mensaje (Lo construí con mis propias manos). La manifestación de la emotividad encuentra en las oraciones exclamativas su mejor instrumento.
En el nivel léxico-semántico, sobre todo en el plano coloquial, abusa de muletillas (bueno, entonces, pues), así como de frases hechas. Potencia el carácter expresivo de este registro la abundancia de comparaciones disparatadas (Más feo que Picio) o expresivas (Estoy hasta las narices), hipérboles (Eso está en los cerros de Úbeda), expresiones de carácter afectivo creadas con la utilización de superlativos, diminutivos, despectivos (¡Qué naricilla más mona!). En general, el léxico es limitado y, a veces, exiguo.
c). Habla vulgar
El habla vulgar es un código restringido: pobre, repetitivo, rutinario y cargado de incorrecciones lingüísticas. Su uso es en la comunicación oral.
Aparece en escasos escritos: notas breves, avisos o cartas familiares, en las que no se respetan las convenciones del uso escrito (normas ortográficas, construcción sintáctica... También se encuentra - muy poco frecuente-, como forma de caracterización de personajes y situaciones, en obras literarias y textos periodísticos del tipo de reportajes o crónicas).
En el plano fónico: articulaciones exageradas u omitidas, fuertes altibajos en las curvas de entonación para expresar emotividad y, en general, un elevado volumen de voz. Frecuentes incorrecciones: desplazamientos acentuales (*telégrama, *périto, *carácteres), vacilación en la pronunciación de hiatos, diptongos y vocales átonas (*Juaquín, *carnecería), relajación o pérdida de las consonantes d, r, n -*pa (para), *na (nada), *tiés (tienes)-, confusión de b-g (*abuja, *agüelo), relajación o pérdida de la -s final de sílaba o de palabra, contracción de preposiciones y artículos (*p' al); apócope de los pronombres me, te, se ante vocal (*m'ha dicho).
En el plano morfósintáctico: La repetición de las mismas conjunciones y nexos conjuntivos (y, que, de lo cual, cuando), la utilización abundante de interjecciones, frases interjectivas y construcciones de valor impersonal (¿Cómo van las cosas?; ¿Qué se le va a hacer?) Las incorrecciones más frecuentes son:
• adición de la s en la 2ª persona del pretérito perfecto simple (*hicistes), alteraciones de género y número (*el amoto, *el mismo agua), dequeísmo (Pienso de que está mal eso), discordancias (*Cada persona tenemos que cooperar), laísmo, loísmo y leísmo (*La he dado un regalo), construcción incorrecta de los pronombres átonos me, te, se (*Me se ha caído), construcciones verbales analógicas (*andé, *frego, *haiga) y errores diversos en el uso de las formas verbales en las proposiciones subordinadas (*Si tendría dinero iría al cine; *Se saltó el semáforo atropellando a un peatón); concordancia del verbo y del complemento directo en impersonales (*Habían muchos espectadores).
En el plano léxico-semántico: vocabulario muy reducido, desconocimiento de sinónimos y abuso de las palabras baúl (cosa, hacer, tener, eso, asunto, tema, problemática... ) Las incorrecciones más frecuentes son:
• confusión de significados (perjuicio-prejuicio; emitido-omitido, cápsula-clásula), errores en los sufijos (inalterable-inalterado) o sufijación inadecuada (*dominancia, *detallación, *adjetivizado) y, por último, el abuso de muletillas o expresiones vacías de contenido (¡hombre!, ¿vale?, ¿no?, ¡venga!, pues, bueno,).


LENGUAJE Y PENSAMIENTO

El problema de las relaciones entre lenguaje y pensamiento existe desde la antigüedad. Al parecer, los discípulos de Aristóteles no distinguían entre lógica y gramática. Pero hoy, se enfocan en dos puntos de vistas: uno teórico y otro empírico. En lo teórico, por un lado, se afirma que el lenguaje y el pensamiento son una sola realidad, un proceso único. Por otro, anota que son dos realidades diferentes, de forma que el lenguaje viene a ser la materialización del pensamiento.
Sin embargo, lo empírico se sustenta que, en los datos de la Psicología del desarrollo.
Pese a las investigaciones realizadas durante décadas, no se sabe con certeza cuándo y cómo nació el lenguaje, esa facultad que el hombre tiene para comunicarse con sus semejantes, valiéndose de un sistema formado por el conjunto de signos lingüísticos y sus relaciones.
Existen diversas posiciones en lo referente a las relaciones entre lenguaje y pensamiento:
a) El monismo lenguaje-pensamiento, defendido por Humboldt, Marx y los filósofos materialistas, Saussure y Malmberg. Señalan la dependencia del pensamiento respecto del lenguaje, en lo relativo a su desarrollo y elaboración. Indican que pensar es siempre pensar en una lengua determinada. Esta concepción ha sido estudiado por la Psicología del desarrollo, en la que se basan los monistas para argumentar que la humanización es un proceso social mediante el cual recibimos los medios para autoafirmarnos; el principal de los medios es el lenguaje. Así pues, el desarrollo del pensamiento humano se debe a las influencias culturales, cuyo medio de transmisión es el lenguaje.
b) EL dualismo lenguaje-pensamiento sustentado por Platón, Aristóteles y los representantes de la Ilustración y el Idealismo. Indican que el lenguaje y el pensamiento son procesos independientes. Para algunos lingüistas, como Buyssens, el pensamiento tiene primacía sobre el lenguaje, que el pensamiento es el que toma la iniciativa en el empleo de la lengua como medio de comunicación. Buyssens sostiene que la lengua impone límites a la comunicación, por lo que hay conocimientos individuales inexpresables, y que el pensamiento influye sobre la lengua modificándola.
Pero desde un enfoque antropológico y etnológico, es indudable que el lenguaje articulado constituye una de las manifestaciones características que separan al hombre de los otros seres que nos acompañan en este planeta. Éstos últimos expresan y comunican sus sensaciones por medios instintivos, pero no hablan, a diferencia de los seres dotados de conciencia. Por consiguiente, si debiéramos que añadir un sexto sentido a los cinco tradicionales, sin duda, esta sería el habla, ya que la lengua, además de servir para el sentido del gusto y otras funciones cotidianas, tiene la aplicación de emitir sonidos articulados, una particularidad que nos diferencia de los animales inferiores con los que compartimos: vista, oído, tacto, olfato y gusto.
Sobre la adquisición del lenguaje, hay diversas teorías. Noam Chomsky -lingüista, filósofo, activista y analista político estadounidense, fundador de la gramática generativo-transformacional- enfoca el papel que desempeñan la mente y la experiencia de los sentidos en la adquisición del conocimiento. Para él, los principios por los cuales la mente adquiere el conocimiento son innatos. Asevera que los seres humanos estamos dotados de una forma innata de una capacidad para formar ciertos conceptos. Los niños poseen de modo innato una gramática universal. La adquisición del lenguaje se produce cuando la gramática universal entra en contacto con la experiencia lingüística y evoluciona hacia una gramática particular. Así pues, señala que somos capaces de comprender y de expresar un número infinito de enunciados nuevos, por lo que el lenguaje es una actividad creadora.
A su vez, Jean Piaget -psicólogo, filósofo y biólogo suizo que estudió con atención la inteligencia de los niños- concibe la construcción de la inteligencia como un proceso que sigue las mismas leyes de funcionamiento que permiten a los seres vivos mantenerse en equilibrio con su medio. Según él, el conocimiento es el resultado de la interacción entre la dotación inicial con la que nacen los seres humanos y su actividad transformadora del entorno, es decir, se trata de un proceso de creación y no de repetición. Piaget no acepta la posibilidad de un desarrollo lingüístico independiente del cognitivo.
La Escuela Rusa, representada por Lev Semiónovich Vygotsky, psicólogo bielorruso y destacado teórico de la Psicología del desarrollo, destaca el papel del adulto en la construcción individual del conocimiento en el niño. Parte de lo que el niño es capaz de hacer -lo llama zona de desarrollo actual- y explica cómo con ayuda de otro avanza hacia una zona de desarrollo potencial. Los límites de lo que el niño consigue realizar con la mediación del adulto demarcan la zona de desarrollo próximo. El desarrollo del lenguaje parte de lo social, para progresivamente hacerse interno y convertirse en pensamiento.
En la lingüística, como en otras ciencias, hay posiciones marcadas entre el empirismo y el nativismo. El nativismo sostiene que la capacidad de ver, oír, pensar y hablar son actos innatos o genéticos. Mientras que los empiristas, a la cabeza de los behavioristas o conductistas, anotan que el niño aprende a hablar porque imita a los adultos -sobre todo a la madre- y porque tiene necesidad de manifestar sus necesidades y deseos. Para ellos, el niño aprende el idioma de la misma manera que otras destrezas físicas y mentales. Es decir, mediante la llamada "conducta operante", que está determinada por la influencia de factores externos o adquiridos y no así por medio de factores innatos o genéticos.
Los empiristas están convencidos de que el niño aprende a articular y combinar sonidos, los nativistas y los psicólogos del Gestalt, que rechazan categóricamente la teoría de que el entorno social sea el único factor determinante en el desarrollo idiomático, creen que el habla es un don biológico con el cual nacen los humanos, y que la experiencia cognitiva es apenas un estímulo para su desarrollo posterior. El psicólogo Arnold Gesell, a diferencia de John B. Watson y Brurrhus Skinner, sostiene la concepción de que gran parte del desarrollo lingüístico del individuo está determinado por factores de maduración interna, y no por las simples influencias del entorno social.
Para él, el hombre en el curso de la evolución desarrolla tres habilidades de representación:
1.- La representación enactiva, que consiste en representar cosas mediante la reacción inmediata de la persona. Este tipo de representación ocurre sobre todo en los primeros años de vida. Bruner la ha relacionado con la etapa preoperativa de Piaget.
2.- Representación icónica: consiste en representar cosas mediante una imagen o esquema espacial independiente de la acción. La elección de la imagen no es arbitraria. Equivale a la etapa de operaciones concretas de Piaget.
3.- Representación simbólica: consiste en representar una cosa mediante un símbolo arbitrario que en su forma no guarda relación con la cosa representada. Equivale a la etapa de operaciones formales de Piaget.
Las tres teorías fundamentales que responden a la pregunta de si primero está el lenguaje o el pensamiento se sintetizan así:
La teoría de: "el lenguaje está antes que el pensamiento" plantea que el idioma influye o determina la capacidad mental (pensamiento). En esta corriente lingüística incide la "gramática generativa" de Noam Chomsky, para quien existe un mecanismo idiomático innato, que hace suponer que el pensamiento se desarrolla como consecuencia del desarrollo idiomático. Por lo tanto, si se considera que el lenguaje es un estado interior del cerebro del hablante, independiente de otros elementos adquiridos del entorno social, entonces es fácil suponer que primero está el lenguaje y después el pensamiento; más todavía, si se parte del criterio de que el lenguaje acelera nuestra actividad teórica, intelectual y nuestras funciones psíquicas superiores (percepción, memoria, pensamiento, etc).
La teoría de: "el pensamiento está antes que el lenguaje" sostiene que la capacidad de pensar influye en el idioma. No en vano René Descartes acuñó la frase: "primero pienso, luego existo". Algunos psicolingüistas sostienen que el lenguaje se desarrolla a partir del pensamiento, por cuanto no es casual que se diga: "Una psiquis debidamente desarrollada da un idioma efectivo". En esta corriente lingüística esta la llamada "The cognition hypothesis" (La hipótesis cognitiva), cuya teoría se resume en el concepto de que el "pensamiento está antes que el lenguaje". Pero quizás uno de sus mayores representantes sea Jean Piaget, para quien el pensamiento se produce de la acción, y que el lenguaje es una más de las formas de liberar el pensamiento de la acción. Indica que el grado de asimilación del lenguaje por parte del niño, y también el grado de significación y utilidad que reporte el lenguaje a su actividad mental depende hasta cierto punto de las acciones mentales que desempeñe; es decir, que depende de que el niño piense con preconceptos, operaciones concretas u operaciones formales. (Richmond, P. G., "Introducción a Piaget", 1981, pág. 139).
Para la "teoría simultánea" tanto el lenguaje como el pensamiento están ligados entre sí. Esta teoría fue dada a conocer por el psicólogo ruso L.S. Vigotsky, quien explicaba que el pensamiento y el lenguaje se desarrollaban en una interrelación dialéctica, aunque considera que las estructuras del habla se convierten en estructuras básicas del pensamiento, así como la conciencia del individuo es primordialmente lingüística, debido al significado que tiene el lenguaje o la actividad lingüística en la realización de las funciones psíquicas superiores del hombre.
CONSULTA: Gutiérrez, A.P.: Lenguaje y pensamiento, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, abril 2009, www.eumed.net/rev/cccss/04/apgg.htm.
LENGUAJE Y PENSAMIENTO
http://www.psicopedagogia.com/articulos/?articulo=343